Un estudio de la UBA revela que, aunque el 85% de los argentinos prefiere la democracia, su apoyo se debilita cuando se evalúa su funcionamiento real. La grieta política condiciona la valoración: se defienden las reglas solo cuando se está en la oposición.
Buenos Aires, 2 de septiembre de 2025 – Un estudio realizado por el programa de Creencias Sociales de Pulsar UBA expone una paradoja central en la cultura política argentina: mientras el 85% de la población prefiere la democracia sobre cualquier otra forma de gobierno, existe un marcado desencanto con su funcionamiento real. La investigación, basada en 1.252 casos encuestados del 27 de mayo al 04 de junio de 2025, muestra que la valoración simbólica de la democracia convive con una crítica profunda a su práctica cotidiana.
La brecha entre el ideal y la realidad
Los argentinos califican con 9,3 sobre 10 la importancia de vivir en democracia, pero apenas le otorgan un 6,4 al desempeño actual del sistema. Esta divergencia no es aleatoria: responde en gran medida a la simpatía política. Quienes apoyan al oficialismo suelen valorar mejor el sistema que quienes se identifican con la oposición. Así, la evaluación de la democracia parece depender más de quién esté en el poder que de principios estructurales.
¿Demócratas… con excepciones?
A primera vista, los argentinos se muestran mayoritariamente republicanos: el 84% apoya el derecho a protestar incluso si no coincide con el reclamo, y el 74% rechaza la suspensión temporal de derechos. Dos tercios se oponen a que el presidente frene medidas del Congreso o ignore fallos judiciales.
Sin embargo, al desagregar por afinidad política, emergen grietas significativas. Los votantes de espacios como Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza muestran mayor tolerancia hacia medidas excepcionales –como la suspensión de derechos o la intervención presidencial sobre otros poderes– cuando quien gobierna es un líder afín.
Decisionismo presidencial: un fantasma recurrente
El estudio identifica un patrón histórico en la política argentina: la tendencia al “decisionismo presidencial”, donde el presidente concentra la capacidad de decidir qué es lo mejor para la sociedad, en detrimento de los controles institucionales. Este fenómeno, descrito en los años 90 como “democracia delegativa”, sigue vigente: se justifican los atajos institucionales cuando el presidente es “propio”, y se reclama el respeto a las reglas cuando es “ajeno”.
Cuatro visiones de la democracia en pugna
Mediante un modelo de segmentación, el estudio logró identificar que no hay una sola forma de entender la democracia en Argentina, sino al menos cuatro perfiles diferenciados según su adhesión a valores republicanos, liberales y mayoritarios. Estas visiones coexisten y entran en conflicto, tensionando el consenso democrático.
Conclusión: la democracia como campo de batalla
Más que un acuerdo unánime, la democracia en Argentina se revela como un espacio en disputa. El consenso sobre su valor simbólico permanece, pero se resquebraja al bajar a la práctica: cada grupo político está dispuesto a flexibilizar sus principios según quién ejerza el poder.
En palabras del informe: “La democracia en Argentina, más que un punto de llegada, se revela como un espacio de tensiones”. Y en esa ambigüedad se juega nada menos que el futuro político del país.
Fuente: Estudio “Creencias Sociales” – Pulsar UBA, junio 2025
Artículo original: ¿La democracia es un consenso que se resquebraja? de Augusto Reina para Diálogo Político.







