Una crónica del abandono y la resistencia: cómo los incendios de enero de 2026 devastaron la Patagonia, impulsados por la sequía y la desinversión estatal, y fueron enfrentados por brigadistas y comunidades que lucharon con lágrimas de impotencia mientras el gobierno intentaba culpar a los pueblos originarios.
El infierno en el paraíso
A principios de enero de 2026, la cordillera de Chubut, uno de los paisajes más prístinos de la Argentina, se transformó en un infierno. Miles de hectáreas de bosques nativos, tierras ancestrales y comunidades enteras quedaron a merced de un fuego que avanzó con una ferocidad inusitada, dejando a su paso destrucción, desesperación y un profundo sentimiento de abandono por parte del Estado.
Los días del fuego: una cronología del desastre
Los primeros focos se reportaron alrededor del 5 de enero en la zona de Puerto Patriadas, dentro del municipio de El Hoyo. Para el 6 de enero, el fuego ya había cruzado el Cerro Pirque, y para el 7 de enero, se había descontrolado por completo, expandiéndose hacia El Pedregoso, Epuyén, Río Minas y El Coihue. El 10 de enero, la situación forzó la evacuación del parador El Pedregoso y sectores de Aldea San Francisco, sumando miles de evacuados que fueron alojados en la Escuela N.º 223. La Ruta Nacional 40, principal vía de conexión, fue cerrada en el tramo Epuyén-El Hoyo debido al peligro extremo.
Los combatientes: héroes con lágrimas de impotencia
Frente a la magnitud de la catástrofe, la primera línea de defensa no estuvo en los aviones hidrantes del Estado, sino en la comunidad. Brigadistas vecinales, organizados desde hace años, fueron los primeros en responder. Con recursos propios, vehículos particulares, mangueras y motobombas, y con ropa y calzado inadecuados, se enfrentaron a las llamas en terrenos inhóspitos. Detrás de ellos, cocinas comunitarias preparaban viandas con donaciones, mientras radios comunitarias coordinaban esfuerzos.
Un video capturado por Maxi Jonas y difundido por ANRed y Revista Sudestada se volvió símbolo de esta lucha: muestra a un brigadista llorando de tristeza, bronca e impotencia. Sus lágrimas no eran de debilidad, sino del dolor de ver arder el territorio mientras sentía la ausencia absoluta de una mano estatal que los apoyara de manera decisiva. «Es tristeza y bronca… de saber que no hay una mano del Estado, sino abandono para luego hacer negocios con nuestra belleza patagónica», relató el medio Sudestada.
A ellos se sumaron, con retraso, bomberos voluntarios de la región y de Palena (Chile), combatientes de Parques Nacionales (Lago Puelo, Nahuel Huapi, Laguna Blanca, Lanín) y un reducido grupo del Servicio Provincial de Manejo del Fuego. Recién hacia el 13 de enero se reportó el apoyo aéreo de la AFE y el Ejército, con aviones hidrantes y helicópteros.
La dimensión de la destrucción y el abandono estatal
Los daños fueron devastadores. Según distintas fuentes, más de 12.000 hectáreas fueron arrasadas. Solo en Epuyén se destruyeron al menos 10 viviendas, y testimonios de vecinos como Marilín Cañío de El Pedregoso desmienten la versión oficial del gobernador Ignacio Torres, quien minimizó los focos y los daños. «Nos encerró, no teníamos salida para ningún lado. Era un mar de fuego», describió Cañío, denunciando que son «un montón los damnificados», no casos aislados.
La responsabilidad por la magnitud del desastre apunta directamente a la inacción y desinversión estatal. Organizaciones ambientalistas y la propia comunidad denunciaron:
- Recortes presupuestarios al Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), que en 2025 dejó sin ejecutar el 25% de sus recursos, unos $20.000 millones.
- Despidos masivos y precarización laboral entre los brigadistas oficiales.
- Falta total de prevención: no hubo raleos de bosques, ni tanques australianos, ni planes de contingencia pese a la experiencia traumática de incendios anteriores, como el de 2024 en Epuyén que destruyó 70 viviendas, la mayoría aún sin reconstruir.
- Fondos retenidos: el gobierno provincial tenía retenidos 600 mil dólares de programas de prevención de incendios forestales, según denuncias.
La lluvia: un alivio agridulce y la sombra de la criminalización
Cuando la situación parecía insostenible, llegó el alivio de la lluvia. «La Pachamama envió el milagro de la lluvia», se escribió en un emotivo posteo en redes. Sin embargo, el alivio fue agridulce. El paisaje verde se había convertido en ceniza, y la reconstrucción se vislumbraba larga y dolorosa.
Mientras la comunidad luchaba contra el fuego y comenzaba a llorar sus pérdidas, el gobierno provincial, en lugar de reforzar la autocrítica, optó por una línea de criminalización y estigmatización. El Ministerio de Seguridad Nacional, a través de un comunicado en redes sociales, vinculó los incendios con «grupos terroristas autodenominados mapuches», sin presentar pruebas. Esta acusación, calificada por las comunidades como «desalojo a punta de fuego«, reactivó un patrón de persecución y sirvió, según denunciaron, para «generar división» y ocultar la responsabilidad estatal.
El intendente de El Hoyo, César Salamín, si bien habló de intencionalidad por disputas entre vecinos dentro de reservas forestales, desmintió la teoría de «negocios inmobiliarios» y advirtió que no permitiría tomas de tierras posteriores.
Cicatrices en la tierra y en el alma
Los incendios de enero de 2026 en la Patagonia dejaron cicatrices profundas. No solo quemaron miles de hectáreas de bosque nativo, incluido el preciado Parque Nacional Los Alerces, Patrimonio de la Humanidad, sino que también quemaron la confianza de la comunidad en sus gobernantes.
La crónica de estos días es la de un ecocidio facilitado por el abandono y la desinversión estatal, y combatido con un heroísmo desesperado y autogestivo por parte de vecinos, brigadistas y comunidades mapuches, quienes, lejos de ser los responsables, fueron de los primeros y más afectados. La lluvia apagó las llamas, pero no el reclamo de justicia, prevención y una rendición de cuentas clara por lo que, más allá de la intencionalidad de algún foco inicial, se convirtió en una tragedia anunciada y amplificada por la decisión política de abandonar el territorio a su suerte.
Fuentes:
- «Ignacio Torres miente: el Estado nos abandonó frente al avance del fuego» – ANRed.
- «Desalojo a punta de fuego» – ANRed.
- «LÁGRIMAS DEL FUEGO (El dolor de un brigadista en la Patagonia)» – Revista y Editorial Sudestada.
- «El intendente de El Hoyo contó qué hay detrás de los incendios en la Patagonia» – Perfil.
- «El maravilloso Parque Los Alerces es Patrimonio de la Humanidad y del fuego en Chubut» – Perfil.
- «Los héroes también lloran (Lágrimas de un brigadista en los incendios en la Patagonia)» – Facebook (captura de contenido social).
- «Incendios en la Patagonia: nueva localidad evacuada y cierre de la Ruta 40» – Perfil.
Crónica realizada con ayuda de IA.




