Los ex combatientes del Centro «Ava Ñaro» organizaron por sus propios medios la vigilia tradicional. Entre cantos del Himno y la llama eterna encendida por un hijo de E combatiente, la noche recuperó la memoria que el protocolo oficial parece que pretende borrar.
historia y corazón encendido. Mientras la luna llena se ponia en lo mas alto de la Plazoleta de los Ex Combatientes comenzó a llenarse de una marea humana que desafió el olvido. Cientos de miles como en todo el país, pero aquí en Monte Caseros puntualmente, mas de un puñado de valientes que se niegan a morir dos veces: los veteranos de Malvinas.

Por decisión propia, con el sudor de la dignidad como única subvención, los integrantes del Centro de Veteranos de Guerra “Ava Ñaro” –todos ellos ex soldados conscriptos que pisaron Malvinas, acompañados de los Movilizados del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS)– organizaron la tradicional vigilia. Lo hicieron solos, sin el brazo del municipio. El abandono no es nuevo. Pero el honor no se terceriza.
La cita era para recibir el 2 de abril, el “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas”. Y la recibieron como se recibe a un hermano que vuelve de la guerra: con el pecho inflado y los ojos empañados. A las 23:50, el mástil de la plazoleta se vistió de celeste y blanco. Entre sollozos contenidos y manos que temblaban por la emoción –no por el frío–, sonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. No hubo parlantes de última generación ni sillas dispuestas para autoridades. Hubo gargantas sinceras cantando, una brisa suave del viento sur y el recuerdo.
El fuego como símbolo de honor y reconocimiento
Luego, un hijo de ex soldado –de los colimbas, de los que no figuran en los comunicados oficiales– prendió la llama eterna en el monumento. La llama que arde por los caídos en las islas, por los que volvieron rotos por dentro, y por los que aún esperan justicia. El fuego, pequeño pero firme, iluminó los rostros de los veteranos y movilizados: aquellos que no pisaron Puerto Argentino pero defendieron cada centímetro de la costa patagónica, cada base aérea, cada posición estratégica continental. Ellos también estuvieron en la guerra. Ellos también son Malvinas.
Ellos son los que no salen en las fotos oficiales, Pero esta noche los flashes de las fotos eran para ellos, sus familias, amigos y vecinos.
Un acto para mostrar a la prensa y construir acontecimiento
El contraste no pudo ser más cruel, ni más elocuente. Apenas unas horas antes, el gobierno municipal había realizado su acto conmemorativo. Fue el 1° de abril, a las 8:30 de la mañana. Un horario de oficina. Un frío protocolo sin alma. Luego, como quien cumple un trámite, unos pocos funcionarios y una delegación mínima de autoridades se acercaron hasta la Avenida Costanera para colocar una ofrenda floral ante la cruz de los Caídos en Malvinas. No hubo un solo veterano. Ni un ex soldado. Ni un movilizado del TOAS. Ni un cuadro de las fuerzas. La paradoja fue monumental: la ofrenda a los veteranos caídos en Malvinas se hizo sin veteranos, ningún compañero participo.
Una vigilia con honor, memoria y sentimiento
La noche avanzó, y la vigilia se volvió abrazo, mate compartido, y algún que otro llanto silencioso. Los presentes –vecinos, familiares, jóvenes que escuchaban con atención– comprendieron que allí, en esa plazoleta sin reflectores y camaras municipales, se escribía la verdadera tradición. La que no aparece en los boletines oficiales. La que duele y sana al mismo tiempo.
La llama eterna, en lo alto, pareció arder con más fuerza. Como para que, desde el sur, desde las islas, los caídos supieran que al menos una vez al año, y contra todo pronóstico, alguien los espera despierto.




